
Son tus orillas las que me mojan antes de despertarme.
Me gusta sentir ese aroma de almohada cálida, a lo que va a ser de tí y que todavía reposa en este rincón de la cama. Qué sitio mejor para encontrarte, para besar levemente tus pezones y jugar con esas pestañas negras en fila india.
Nada más mágico que introducir mi anular entre tus dedos inertes, en esa quietud que se derrama por tus uñas, y me hace entender que no hay otro lenguaje más válido que el que se desprende de este ahora .
Me entrometo en ese espacio milimétrico entre tu piel y las sábanas, respiro ese aire viciado de tí, hasta llegar a la duna extensa de tu cadera.
Soy feliz descendiendo a tu lado, hasta que el despertador se burle de mí con sus siete puñaladas.


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