
Es muy importante el hecho de estar a gusto. Más que la felicidad.
Estar a gusto en tu casa, lavando la lechuga o cortándote las uñas, con tu pareja o sin ella, en el bar comiendo el menú, mirando las palomas desde la azotea, o simplemente estar a gusto sin proponértelo.
Desde hace varios días pienso si estoy a gusto en las situaciones que yo mismo elijo. Y a veces, como relámpagos, tengo dudas. Por eso intento huir como un insensato de aquello que me obligan.
No quiero tener más remedio que hacer lo que me venga en gana.



