martes, 21 de agosto de 2007

Rastro

(foto: Sandra Muequin)



Es terrible pasar por la vida sabiendo que difícilmente podremos hacer algo para que el resto de las personas nos recuerden. Es muy fácil pasar por la vida sin dejar rastro, sin que nadie se interese por nuestra historia, quizás nadie sabrá que hemos existido. Pienso en la transparencia de nuestras vidas, en la futilidad de la mayoría de nuestros actos, como bolas de nieve que se estrellan contra un muro para acabar convirtiéndose en agua y fundirse en la tierra, hasta desaparecer por completo. Nadie sabe nada. Y ahí radica la magia del momento, pues sólo el ahora es el único instante que está siendo recordado, es el único soplo fugaz en que las personas tenemos consciencia de personas, y nos añoramos y nos queremos, y sufrimos los unos por los otros. Por lo tanto: ¿dónde queda la vida una vez se ha vivido?. En el recuerdo efímero de la mente de quien lo vive, y poco más.

1 comentario:

Miranda... dijo...

todo un descubrimiento 38º... un placer leer tu blog completo.

hay ocasiones en las que dejas rastro sin darte cuenta... y personas que te recordarán sin conocerte.